Bartleby y la I.A. en la vida cotidiana escolar o, ¿preferirías no hacerlo?

Hay alguien A.I. hay alguien A.I.

hay alguien ahí dentro….

…si quito uno a uno los unos y ceros

qué queda en el centro del centro.1

Durante el mes de mayo María Leticia Aguiño y Martín Broide, docentes del Proyecto Vida Cotidiana y escuelas, participaron como invitados a dictar el módulo Inteligencia artificial y Vida cotidiana en las escuelas. El mismo se inscribe en la Diplomatura en Inteligencia Artificial Orientada a La Transformación Digital de Organizaciones Gubernamentales o Educativas que se dicta a distancia desde la Agencia Comodoro Conocimiento y Desarrollo en Comodoro Rivadavia.

El objetivo central del módulo se apoya en pensar, junto a docentes y directivos que participan de la diplomatura, algunos de los problemas que plantea en la vida cotidiana de las escuelas la emergencia, sobre todo, de los modelos extensos de lenguaje. Planteamos “problemas”, decimos, como si fuera una clase de matemática, y no es casual. La tarea de las ciencias sociales —siempre, pero más aún con fenómenos emergentes— tiene que ver con formular buenas preguntas, con plantear términos y modos de ordenar los acontecimientos para habilitar a mirarlos desde nuevas perspectivas. En ese sentido, uno de los ejes del módulo es el de la relación con el trabajo, con la tarea en las escuelas.

En las salas de profesores se escuchan interrogantes. Por ejemplo, ¿serán ahora  los chatbots la vía de resolución “delegada” para cumplir con las tareas?; y si así fuera ¿se pierde la posibilidad de seguir el rastro de los procesos de aprendizaje?

Nuestra hipótesis es que este emergente tiene por detrás una pregunta muy anterior y bien interesante que, en todo caso, algunas herramientas que ahora están a disposición de todo el mundo hacen más urgente: ¿cuáles son las formas de relación con el trabajo que la escuela pone en juego en sus prácticas?, ¿cómo enseñamos a vincularnos con la tarea?, ¿qué representaciones sobre el hacer se ponen en juego?, ¿cuáles son los contratos implícitos, las motivaciones y las sanciones que, tal vez sin explicitarlo y de modo naturalizado, ponen en juego un modo particular de relación con el trabajo?

Otra hipótesis. Pareciera existir un supuesto de que cualquier estudiante va a elegir delegar la tarea que tiene que hacer si tiene la posibilidad de hacerlo, y que tiene por detrás, de algún modo, la idea de que cualquier persona va a preferir no hacer su trabajo si alguien más puede hacerlo por ella. Como si todos los estudiantes fueran Bartlebys, y preferirían no hacerlo, esto es, que trabajan solo cuando están obligados y porque están obligados. Pero, ¿es efectivamente así? ¿Qué pasa si empezamos por preguntarnos cuáles son las tareas que se eligen no delegar, los esfuerzos que sí elegimos hacer en la vida y en la escuela? La pregunta actualiza, claro, la historicidad de la división entre el trabajo y el ocio, entre el trabajo y el placer, entre el ocio y el negocio, el pan con el sudor de tu frente… y así.

En el módulo de la diplomatura, abrimos con una conversación en torno a la siguiente pregunta: ¿qué tareas de tu vida cotidiana -en el trabajo y fuera de él- elegís no delegar? ¿Por qué? Desde ahí, conversamos: desde la cocina a la cerámica, pasando por ser el “uber” de los propios hijos, con las conversaciones que se disparan en esos intersticios del tiempo. Entre otras. ¿Qué pasa si miramos la escuela desde ahí? ¿Qué pasa si pensamos con un autor de hace tantos años como Freinet, que el trabajo es el corazón social del hombre y que existe también un trabajo que ilumina?

De La Plata a Comodoro Rivadavia, ahí vamos, haciéndonos preguntas. Un trabajo que nos gusta mucho.

  1. Jorge Drexler, “¿Hay alguien A.I.?”, del álbum Taracá. ↩︎