En el marco del ciclo “Releer pensadores latinoamericanos en Pedagogía”, organizado por la Red de Estudios en Pedagogía, el 29 de abril de 2026 se realizó el panel “La pedagogía en América Latina, contribuciones contemporáneas: Estanislao Antelo”, en el que participaron: María Silvia Serra (Universidad Nacional de Rosario, Argentina), Natalia Fattore (Universidad Nacional de Rosario, Argentina) y Ana Abramowski (FLACSO, Argentina). La coordinación estuvo a cargo de Blanca Flor Trujillo Reyes (UPN Ajusco, México).
En su intervención, Natalia Fattore dio relieve a varios de los artículos, ensayos y libros de Antelo (entre ellos, Instrucciones para ser profesor, Padres Nuestros que están en las escuelas, Pedagogías silvestres, Los gajes del oficio) y destacó que: “Estanislao construyó un pensamiento pedagógico a contrapelo de los consensos y de los discursos hegemónicos. A lo largo de los años discutió con cada uno de los discursos de época, problematizándolos y mostrando sus efectos de poder: la psicologización del pensamiento pedagógico, el auge de la educación en ‘valores’, la pedagogía fascinada por el destinatario escolar, el discurso de los dispensadores de afecto, las pedagogías críticas preocupadas por la formación de buenas conciencias. Y, en sus últimos textos, arremetió contra la aprendificación del pensamiento pedagógico a partir de la proliferación de gestores y neurocientistas. Frente a estos enunciados, Estanislao propuso,
insistentemente, recuperar la enseñanza como transmisión, el deseo de enseñar y el necesario reparto de bienes culturales entre generaciones”.
Silvia Serra contó que conoció a Estanislao Antelo en 1985, cuando se encontraron como estudiantes en la carrera de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Rosario. “En aquel momento, Estanislao ya señalaba las complejidades que atravesaban los escenarios educativos, especialmente, en relación a los límites del proyecto filosófico de la modernidad”.
Serra desglosó cómo Antelo entendía el pensamiento pedagógico: “el pensamiento es una tarea, un verbo, que se pone en juego desde su capacidad de alterar la configuración de las situaciones, de ofrecer algo que todavía no ha sido pensado. Un pensamiento que, si se precia de tal, hace tajos. La pedagogía comparte ese gesto con la filosofía. El pensamiento pedagógico, si quiere ser pensamiento y no teoría dada, posee el imperativo de introducir algo del orden de la novedad en lo que ya está dado, el pensamiento como acontecimiento, como herramienta capaz de producir nuevos vocabularios para nombrar aquello que irrumpe. En esta definición de Estanislao aparece también esta idea de ‘precisamos intervenir en la disputa’. Intervenir con pensamiento. Tomar parte. Interrogar. Desarmar, deconstruir, desactivar, y a la vez ofrecer cursos de acción”.
Ana Abramowski, en el cierre del panel, dio cuenta de cómo Estanislao Antelo trabajaba, en sus clases de Pedagogía, algunas ideas teóricas tomadas del campo de la filosofía y el psicoanálisis.
En primer lugar, contó cómo Antelo –a partir de ideas de Ernesto Laclau– “situaba el debate respecto de la posibilidad de concebir una relación lineal, simple y correspondida entre el conocimiento y la acción”. Luego, recordó “cómo utilizaba la noción de causalidad retroactiva propuesta por Slavoj Žižek y discutía la lógica de la planificación y la posibilidad de la anticipación propia de los enunciados didácticos, es decir, la pretensión de saber de antemano y a ciencia cierta cómo sucederían las cosas en el terreno educativo. En este argumento se servía también de la idea de Jon Elster acerca de ‘estados que son esencialmente subproductos’. Antelo, además, “recurría a Jacques Rancière porque le interesaba pensar cómo el educador muchas veces ‘fabrica’ desiguales, ignorantes, débiles, incapaces. Es decir, cómo el
educador muchas veces ‘produce’ aquello que dice querer combatir o solucionar”.
