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La potencia de las micropolíticas educativas en la gestión de lo público. Un estudio exploratorio y experimental sobre emprendimientos socio-educativos emergentes

Investigadora responsable: Silvia Duschatzky

Equipo: Elina Aguirre, Leandro Barttolotta, Analía Conca, Clara Cardinal, Amalia Federik, Daniel Ignacio Gago, Luciana Grande, Agustina Lejarraga, Sergio Lesbegueris, Pablo Moseinco, Carolina Nicora, Teresa Punta, Paola Ramos, Agustin Valle

 

El problema general que aborda esta investigación se orienta a indagar los modos posibles de configuración de experiencias sociales y educativas a partir de dispositivos que se sitúan en los bordes de las lógicas institucionales herederas de la sociedad disciplinaria (provisoriamente llamadas post-estatales, no porque ocurran sin el estado necesariamente, sino porque resultan de procesos inmanentes de invención social). La idea de borde abarca tanto los desvíos operados al interior de las instituciones estatales como aquellos emprendimientos gestados por fuera de la incumbencia del estado, aunque manteniendo lazos vinculantes de orden jurídico y curricular. La pregunta se desprende de premisas e hipótesis que han sido puestas a prueba a lo largo de un recorrido de trabajo iniciado hace 16 años.

Uno de esos supuestos es que la vida contemporánea se caracteriza por una nueva materialidad social que no parece responder de modo invariante a la operatoria de los dispositivos instituidos, advirtiendo, en el caso del campo educativo, la emergencia de formas plurales de agenciamiento.

Ya sea al interior de las escuelas de inscripción estatal, como en el desarrollo de proyectos territoriales de autogestión social, se advierte - con grados disimiles de impacto - la generación de formas “artesanales” de prácticas que dan cuenta de la proliferación de saberes efectivos nacidos de una lectura de las problemáticas emergentes que afectan la vida de las escuelas y la construcción del lazo social.

En lo que refiere a la vida de chicos y jóvenes, asistimos cada vez más a comportamientos que no podemos filiar en una tradición institucional: chicos que van y vienen de la escuela, que se van y no vuelven, enfrentamientos intempestivos no sólo entre los alumnos sino también entre chicos y maestros. Maestros agotados o temerosos frente a ciertos modos de estar en la escuela, desconfianza básica circulando en todas las relaciones, jóvenes desgarrados por el consumo, debilitamiento de la autoridad. La ruptura de determinadas coordenadas de relación social también pone a la luz potencias subjetivas que piden ser pensadas: economía de lenguajes, nuevas gramáticas y sensibilidades, relaciones fluidas con las tecnologías, chicos librados a sus propias estrategias de supervivencia, alumnos huidizos a toda prescripción escolar, pero permeables a formas flexibles de grupalidad, experiencias de gestión social y educativa cuyos efectos se dejan ver en la creación de tramas efectivas que activan una elaboración creativa de los problemas cotidianos.

La escuela, sobre todo en los escenarios de profunda vulnerabilidad social, comienza a visualizarse como espacio de preservación y cuidado de la vida de alumnos y madres. En recientes investigaciones constatamos que los niños solicitan permanecer en la escuela dilatando la llegada a sus casas, manifestando que allí se encuentran más seguros. Asimismo, es frecuente que las mamás busquen interlocución en las maestras frente al desborde cotidiano, no en las coordenadas de un saber jerarquizado sino en el marco de una complicidad de género. Indicios que dan cuenta de las mutaciones en la demanda y en el tipo de vínculo entre la escuela y la comunidad.

La vida en las instituciones nos enfrenta a la emergencia de nuevos modos subjetivos y de relación social. No se trata de configuraciones que respetan la racionalidad alrededor de la cual se organizaron las instituciones modernas (fijación y distribución de cuerpos en el espacio, vigilancia jerárquica, panoptismo, sanciones, exámenes, leyes, autoridad preestablecida) sino de formas múltiples que responden a nuevas formas de afectación y gestión de las vidas. El trabajo en escuelas que desarrollamos en anteriores investigaciónes1 nos ha llevado a construir la hipótesis de la existencia de algo que denominamos no escolar. Llamamos genérica y provocadoramente no escolar a todo aquello que, desafectado del proyecto escolar clásico, plantea desafíos a la escuela. Se trata de modos de estar que atraviesan, alteran y reconfiguran lo que podemos llamar  -clásicamente- lo escolar. Lo no escolar puede presentarse como caos o puede leerse como una fuerza desde la cual configurar múltiples posibilidades de intercambio.

Sostenemos que el núcleo duro de la escolarización ya no produce subjetividades pedagógicas disciplinarias (posiciones gestadas en torno a zonas prohibidas y permitidas) (Corea, 2004) y al mismo tiempo resulta impotente para tratar con subjetividades desconcertantes que de todas formas transitan las instituciones. Advertidos del agotamiento de este “núcleo duro”, sin embargo, tenemos que reconocer la paradoja de su sobrevida. A la frustración que esta declinación implica, se oponen - desde luego- todas aquellas prácticas educativas que dentro de la escuela convencional o en sus márgenes aspiran a trabajar de modo directo con estas subjetividades no disciplinables. Tanto las experiencias institucionales gestadas en los territorios como las tentativas de experimentación de nuevos modos de hacer lazo social dentro de las escuelas estatales son habitualmente consideradas -de modo totalmente erróneo- como minorías no decisivas. Al señalar lo no escolar como exceso respecto a este “viejo núcleo” intentamos situar un punto de partida.

Existen una serie de prácticas diseminadas que en los hechos reformulan aspectos de la vieja escuela. Advertimos que cada uno de los procedimientos que estas prácticas ponen en marcha contiene, por un lado, una lectura muy fina de este proceso de “fracaso” de lo escolar, y al mismo tiempo intuyen “atajos” de gestión del vínculo social.

Sólo una acumulación visible de nuevas dinámicas e invenciones de este tipo puede sumar nuevas perspectivas en torno a los modos plurales de configuración de lo social. El desafío de una realidad no escolar puede resultar una buena oportunidad para abrir el campo de interrogantes sobre el valor público y social de una heterogeneidad de experiencias educativas -que se despliegan en los atajos de la escuela-, sostenidas en la errancia y la invención.

Esta investigación se propone entonces perseguir este no escolar allí donde parece ser tomado como materia de pensamiento y producción de relaciones. La pregunta por lo educativo en expresiones (agenciamientos, dispositivos, prácticas) no escolarizadas se hilvana con otra pregunta que explora los nuevos modos de institucionalidad que se abren en territorios no estatales o en los intersticios de las propias instituciones educativas que operan en la órbita estatal.

 

1 Véanse los trabajos enmarcados en los proyectos de investigación PICT 2002 nº 04-1288 “Violencia, Escuela y Subjetividad. Sobre las formas de violencia contemporánea, su relación con la experiencia escolar y con los modos de producción subjetiva en jóvenes urbanos” (2003-2006), FLACSO Argentina y PICT 2005 n° 34272 “Formas contemporáneas de agenciamiento educativo. Un estudio exploratorio y experimental en escuelas medias” (2007-2010), FLACSO Argentina. Ambos subsidiados por la ANPCyT, FONCyT, Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

 

Otros proyectos de investigación

Dirección: Fabio Tarasow y Gisela Schwartzman

Investigador: Diego Higuera Rubio